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Tecnología para el tratamiento de aguas residuales del sector industrial

Tecnología para el tratamiento de aguas residuales del sector industrial
Por Chessil Dohvehnain
 
San Luis Potosí, San Luis Potosí. 9 de octubre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt). El Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt) desarrolla tecnología para el tratamiento de aguas contaminadas en el sector industrial, que se pondrá a prueba en una empresa de reciente instalación en la zona industrial de la capital potosina, y que se constituye como el resultado de un trabajo de vinculación entre la ciencia y el sector productivo en aras de atender un problema ecológico y ambiental de gran relevancia actual.
 “Es una empresa que en su proceso genera agua contaminada que es reutilizada para otros procesos y actividades productivas. Se generan alrededor de 30 mil litros por semana de esta agua, y se confinaba para que otra empresa la tratara, lo cual tenía un costo elevado. El problema vino cuando en los planes de expansión, la generación de esa agua tendría un impacto a la larga negativo, pero también tiene que ver que la empresa mantiene una conciencia ambiental muy positiva”, comenta el doctor César Nieto Delgado, uno de los titulares del proyecto en la División de Ciencias Ambientales.
En entrevista, comenta que fue la empresa la que tuvo la visión de acercarse al centro público de investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) buscando una solución al problema, posterior a una visita preliminar que el equipo del investigador hizo a la empresa. 
“En esos primeros acercamientos es difícil que una empresa se abra, sobre todo en la parte ambiental porque son muy celosos en cuanto a que se publique la generación de contaminación porque se puede malinterpretar. Todas las empresas generan residuos, eso es parte de la actividad productiva, pero a veces no se comprende. Y el agua que producen es muy particular y nosotros encajamos muy bien”. 
 
Procedimientos
La demanda química de oxígeno es una medida de todos los contaminantes que están presentes en el agua y que se pueden oxidar, a manera de un indicador de calidad en el agua. En el recurso potable este índice debe ser de cero o de un miligramo por litro, mientras que en aguas residuales sin tratar, el índice oscila entre los 300 y 500 miligramos por litro. Pero en el agua provista tiene un índice entre los 40 mil y los 100 mil miligramos por litro.
 “Es un agua de limpieza, como cuando trapeas un piso muy sucio y el agua te queda muy negra. Tiene mucha suciedad: grasa, aceites, metales, etcétera. Eso hace que los contaminantes queden en el agua a manera de suspensión homogénea que es difícil de limpiar. Y entramos a hacer un estudio para caracterizar el agua y a partir de eso diseñamos un proceso para eliminar lo que tenga. Nosotros ya habíamos tenido cierta experiencia previa y la adecuamos a esta agua”.
El proceso consiste en quitar al agua las grasas, separándolas por densidad por medio de una serie de bandas, para luego clarificar el agua para estabilizar los contaminantes que quedan suspendidos en el líquido gracias a la adhesión de reactivos, con el objetivo de que sedimenten para poder extraerse. Los compuestos disueltos se eliminan mediante un proceso de absorción.
“Al final hay un proceso de desinfección y acondicionamiento del agua mediante oxidación avanzada. Entonces aquí el aporte, o la ventaja que la empresa vio con nosotros, fue que su alternativa de solución era contratar un proveedor o una consultoría, cuyas opciones hubieran sido 'plantas paquete', y esa no es una muy buena alternativa porque esas plantas paquete no están diseñadas para la calidad de agua que ellos generaban. Son estandarizadas. Y en este caso como el agua residual es muy compleja, tienes que hacer un estudio a profundidad para ver realmente qué es lo que sirve”.
Con la infraestructura tecnológica que mantienen en el centro de investigación, se logró conocer qué contaminantes había en el agua y sus proporciones y características, lo cual permitió diseñar una estrategia de tratamiento funcional que puede volverse, a la larga, una alternativa regional útil para las distintas empresas con grandes consumos de agua, en términos de costo-beneficio.
 “Es atractivo para las empresas, y ellos también se apoyan en nosotros para resolver un problema económico y ambiental, y nosotros abordamos el proyecto de manera integral, desde el estudio integral, el diseño de la planta, su instalación, arranque, capacitación y seguimiento. Es un proyecto interesante que puede emplearse en otras empresas. Aquí en la división este es el tercer proyecto similar que ya llevamos, que realmente estamos vinculados con la industria solucionando estos problemas”.
El equipo de trabajo está integrado por profesores investigadores de la División de Ciencias Ambientales del Ipicyt, como el doctor José René Rangel Méndez, especializado en biotecnología e ingeniería ambiental, así como por el doctor Luis Felipe Cházaro Ruiz.
"El proyecto resulta bastante interesante porque demuestra una interacción positiva entre comunidad académica y sector privado e industrial para resolver un problema ambiental en donde la industria juega un papel importante, sobre todo al tomar conciencia de que es necesario invertir para no sobreexplotar el recurso. La tecnología convencional de tratamiento ya existe y muchas empresas lo hacen. El problema es cuando llegan a tener un agua difícil de tratar. Entonces se vuelve una actividad conjunta. Pienso que esta dinámica es interesante y que se deben conjuntar varios factores como la visión de impacto ambiental de la empresa. Ya hay un avance importante y cada vez más empresas lo hacen no por el dinero, sino por reducir su impacto ambiental, como ocurre en empresas internacionales donde sus criterios deben homologarse. Pero en México apenas va empezando y ya hay bastante avance”, concluye el investigador.
 
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